Ladri Di Biciclette + Tuxedo en La Cueva del Jazz en Vivo

Día: 04 / 05 / 2019 (Sábado) a las 22:00. Entrada 5€.

Concierto perteneciente al XVII Ciclo de grupos zamoranos.

Los zamoranos Ladri Di Biciclette no deleitaran con su rompedor directo, acompañados de los vallisoletanos Tuxedo. 

Facebook Ladri Di Biciclette

Facebook Tuxedo

LADRI DI BICICLETTE

Triángulo de amor no bizarro en plena gira de presentación de su primer EP homónimo.

Con un potente sonido conseguido a base de guitarras en loop, bajos redondos, baterías concisas y voces a cañón, la banda de orígenes zamoranos presenta un directo rompedor y despeinante sobre un colchón de claras influencias del rock y country americano (Johnny Cash y The Black Keys), inglés (The Brew y Kasabian) y castellano (Arizona Baby).

TUXEDO

Tuxedo: No es solo pop, es ciencia ficción. por Juanjo Abad.

Suena cursi, ya, pero todo en la vida, lo veamos o no, está constantemente evolucionando. Todo es un círculo que de alguna manera acaba por cerrarse: de las primeras semillas en la siembra al sudor del labriego en la cosecha, de la entrega del nuevo converso a la obcecación de aquel que tiene en no perder la fe su deporte favorito. Y, también, de aquel lejano primer concierto armado con apenas un ukelele a las filigranas del estudio; o del viaje que hay entre el disco probeta que fue Tuxedo (2014) y este Tuxedo III, ejercicio que mezcla folk con sintetizadores, oscuridad con brisas primaverales, escenas campestres con otras casi cósmicas, minimalismo con pasajes complejos (¡casi progresivos!).

Todo en la vida, decíamos, se va transformando. Pasa con esos dos acordes que el músico toca casi por accidente en la soledad de su habitación. No, no se trata de un suceso sin importancia: de ese pequeño choque cósmico brota una idea que acaba en la memoria de un teléfono móvil y de ahí a un bosquejo de canción en un archivo digital labrado a base de ratón en GarageBand. Lo que diferencia precisamente a Tuxedo III de otros trabajos de la banda es el papel de Guille Aragón, vocalista, guitarrista y principal compositor. De su guitarra nacen esos acordes primigenios; como también la forma original de cada canción, los arreglos que van naciendo en su cabeza, el camino que (cree) hay que seguir. Luego, claro, viene lo difícil: cerrar ese círculo y traducirlo en un disco.

Son dos acordes que se trasforman después en algo más grande: guitarras eléctricas que también se estiran, sobrevuelan y parecen no querer posarse nunca –en Sigue hablando–; sintetizadores que fijan el tono, más oscuro que antes, y que podían estar en discos del último Bowie –la instrumental III–; referencias entre espaciales y bucólicas –Victoria, La espiga y la tormenta–; desarrollos instrumentales (¡esas congas!) que remiten a Ben Watt –La explanada–; ecos de la voz de Lennon en el 66 o de la Electric Light Orchestra totalmente desfigurados –La vida aquí–; lechos de hammond; guitarras con efecto leslie; referencias tanto a la vendimia como a la firma que aparece en los correos electrónicos; mellotrones; los duetos vocales compartidos –como el de Enviado desde mi iPhone– con Eva González tan marca de la casa…

Por mucho que haya un cerebro siempre con la alforja al hombro, por mucho que alguien será siempre el primero en encontrar esos dos acordes primigenios, todo el camino que lleva a discos como Tuxedo III no puede recorrerse solo. Es el grupo de Guille Aragón, cierto, pero no solo es asunto suyo. Es curioso: cada vez se nota más que es su producto personal, una idea germinada en su cabeza, pero a la vez son más una banda.

Alguien tendrá que traducir esos sonidos que le llegan, plasmarlos técnicamente en algún lugar. Quien se encarga de transcribir las ideas y mutarlas en ondas, es Javier Nieto, guitarrista de la banda casi desde sus inicios. Alguien tendrá también que ejercer de guía; dibujar para el otro aquello que queda menos definido en el boceto que viene de casa. El trabajo de Ángel Román, casi de productor en la sombra, comienza con él sentándose tras la batería. Cada pequeña decisión, cada detalle, tiene en él todo el sentido del mundo. Él habla, todos se fían.

Alguno de los Tuxedo debe ser el que vea más allá. Alguien que parezca que se limita a tocar, el bajo en este caso, cuando no, es mucho más: Fernando Delgado es ese ejecutor versátil que toda banda necesita, que imprime su sello ya desde el momento en que ojea una canción.

Y, por último, el contrapunto. Alguien que despoje lo agreste que pueda quedar en los temas nacidos en casa, alguien que ponga paz y que, en cierto modo, dulcifique las canciones. La de Eva González, junto a la de Guille Aragón, son dos de las voces más distintivas del Valladolid de los últimos años. La de él, más real; la de ella, más etérea y sutil, pero imbatible y firme como pocas.

Tuxedo, ay, no queríamos decirlo, se han hecho mayores de alguna manera. Siguen haciendo pop, claro, pero ahora les seduce más la atención por el detalle; no reniegan del todo de etiquetas como folk o americana, solo que ahora la llevan (mucho) más allá (¿alguien dijo ciencia ficción con camisa de cuadros? ¿folk espacial?) a territorios prístinos aún por explorar; todo sigue siendo rock, claro, pero lo importante es que la textura sea lo más auténtica posible. En definitiva, huir de lo fácil y de lo que se espera uno de sí mismo. Y, llegado el momento, volver a intentarlo con otros dos acordes que se encuentren y se estiren misteriosamente. Porque al final, «si la vida es sudar», lo cantan ellos, «su victoria, aguantar».

No se admiten más comentarios